Nunca me has besado,
o sí lo hiciste
pero no lo recuerdo.
No importa, te perdono.
A cambio sólo te pido
que te quedes toda noche
y me digas, como si lo creyeses,
que todo esto vale la pena.
Empiezo a creer que sí me besaste.
Fue en el cuello,
en un bar,
y entonces valía la pena.
No hay comentarios :
Publicar un comentario