16.4.08

Lo tenía todo organizado,
de lunes a lunes
fines de semana incluidos.
No había hueco para lo que no consta en la agenda,
daba igual.
Currar, reuniones, un poco más de militancia
y si daba tiempo me escribía un poemilla.
Sin olvidar la cervecita de después,
que esa no se perdona.
A veces se estira el tiempo,
hasta ese punto en el que parece que se rompe,
y salía un rato,
hasta no muy tarde
que el fin de semana es para estudiar.
Trabajo, militancia y estudio, todo organizado.
No había hueco para nada más
-tampoco nadie-.
Estaba cómoda, aunque me quejara.
Pero de pronto surge algo que te rompe el calendario
y te obliga a cuestionarte prioridades.
Siempre queda el remedio de acabar siendo
una friki rara.