29.8.23

Cruci

Las normas han cambiado
y no sabes ni cuándo ha sido.
Siempre te dejaron saltarte el protocolo.
Tú no hacías las reglas,
pero tomabas cubatas
con quien las manejaba.
Tú compadreas con quien siempre
ha marcado el bien y el mal
con un pinganillo al oído
y un micrófono en la mano.
Las normas han cambiado
y no entiendes qué ha sucedido
para no poder saltártelas.
Quieres cruzar los dedos índice y corazón
para pedir casa, cruci,
y volver al mundo
en el que tus cojones marcaban la ruta.
Pero hoy,
que tus amigos del pinganillo
cerraron los ojos,
ya no puedes saltarte el protocolo.
No hay cruci que valga
y ahora, ahora sí,
tú ya no la ligas.

4.6.23

Las que cuidan

¿Y si esto no fuera de cuidar
(a los nuestros)?
¿Y si la clave estuviera en no maltratar
(a los otros)?
Si no llamáramos enemigo
a quien se aleja
(apenas un palmo).
Si pudiéramos mirar a los ojos
sin competir en quién retira la mirada.
Quizá sentirse cuidada
se traduce en atreverse a hablar. 

7.2.23

Debate sobre el consentimiento

Resístete si quieres nuestra compasión.
Resístete.
Resístete. Mejor, incluso, si mueres.
Convocaremos un emotivo minuto de silencio.
Resístete.
Quizá lo que te pasa es que eres un poco puta.
Nadie puede probar que este incidente no fuera un jolgorio.
Resístete.
Nos vale una heridita. Pequeña.
Algo que nos diga que no eres un poco puta.
Resístete.



Notas (para cuando dentro de unos años, espero, no se pueda entender este poema por sí mismo):

16.11.22

Maestras cerveceras

 Midamos la felicidad como si fuera cerveza.
 
La felicidad 0,0 sería aquella
que es compatible con el trabajo,
que nos permite conducir
para ser continuamente operativos.
 
De la felicidad tostada de elaboración casera
nos dijeron que sólo es para pijos,
para burgueses.
Los currelas no tenemos derecho
a ese disfrutar,
a la tranquilidad de una felicidad
llevada a cabo desde la paciencia y el buen querer.

La más frecuente es la rubia:
la felicidad normativa,
la que te encuentras en cualquier súper
por muy de barrio que sea.
 
Cada uno se busca la suya,
nos sentimos especiales
sintiendo igual que el de al lado.
La felicidad Cruz Campo
o felicidad Ambar
es tan buen elemento identitario
como cualquier otro.
 
La felicidad Mahou es aquella
que nos hacen tragar.
Nos robaron
y se quedaron la producción.



Nota: Tras el golpe de Estado y posterior guerra, la Mahou se quedó en manos de la parte franquista de la familia. Alfredo Mahou, cuenta Antonio Maestre, fue concejal de la primera corporación de Madrid en abril de 1939. 

12.8.22

Volver con una más

Liechtenstein mandó a la guerra a 80 hombres. 
Seis semanas después volvieron 81:
cero bajas
y un convencido que sumaron. 

Resultaron del bando perdedor,
pero de eso nosotras sabemos mucho.

Rendidas de contar bajas, 
por fuego ajeno o amigo.
Hartas de perder mil batallas:
seamos Liechtenstein.

Entremos a cada batalla 
sin vergüenza por librarla,
teniendo claro el objetivo.

Volver las que partimos
y siempre, sin excusa, con alguna más. 

Quizá así,
estemos en condiciones 
de ganar alguna guerra. 

26.4.22

Al decir que la verdad 
era revolucionaria
olvidó la valentía
que se vuelve imprescindible,
aún en mayor medida,
para escupir la pregunta
y desnudar su mentira.

21.3.22

Y se jodió Dulcinea,
ya no quedan Caballeros Andantes.
Alonso, el último,
pidió que le llamaran Quijote;
se rieron de él.
Pidió poder creer,
soñar despierto lo que leía.
Pedimos
todos
poder vivir en los libros.
se rieron de él;
se rieron de nosotros.
Se jodió Dulcinea
y nos jodimos todos.


6.2.21

Lo posible y lo necesario

 

Marcelino, despierta. Nada, que te echamos de menos. Avisa a Josefina, que andamos también huérfanos de ella. Pero no le digas que se asome a este vacío que hoy llamamos realidad. Tantas escaleras arriba y abajo, tantos paseos de la casa a la cárcel, como si en aquellos años la diferencia fuera algo más que unos altos muros. Tantos delitos cuando delinquir era la única manera de ser honestas. Tanta lucha que fue semilla. No, mejor no la despiertes. Descansad. Descansad juntos, que pocos se lo han ganado más. Aquí quedamos, huérfanas.

7.1.21

 
Estaba friendo croquetas
y no acababa la noche de lanzarse a nevar.
En otro punto del globo
el cielo no era nocturno aún
aunque el Capitolio se oscurecía.
Sí, una leve sonrisa
por lo que llamaremos justicia poética,
y Galeano nos guiñó un ojo desde la lejanía.
Un poco asustados.
Mientras freía croquetas
otros cogían apuntes:
quieren oscurecernos.
También ellos están precalentando el aceite,
no les falta ayuda.
No fue hasta la mañana del día siguiente
que comenzó a nevar.

 

24.12.20

 
En mi casa disfrutamos las tradiciones.
Torrijas en semana santa,
el árbol por la constitución,
beber, y mucho, el día de la virgen,
sopa de almendras en nochevieja
e insultar al rey durante el discurso.
Es importante, creemos, respetar
costumbres que nos convierten en pueblo.
Y hay que agradecer el esfuerzo del monarca.
Podría estar perfectamente disfrutando de riquezas
que dentro de 40 años sabremos que tiene.
En cambio, por su compromiso con nosotros, sus súbditos,
año tras año sale a mentirnos
para que en estas entrañables fechas
nos sentemos relajados a la mesa familiar.
Aprendió de su padre.