Las perdí.
O mejor dicho, alteré su lógico orden
hasta que nada tuvo sentido.
Mejor dicho,
alteré su hegemónico orden,
tan dominante que no ubico alternativa.
Alternativa, quiero decir,
a cada circunstancia
en el día a día.
O no. Alternativa a todo el completo,
pero dando respuesta concreta
a cada consecuencia.
Da igual,
el hecho es que las perdí.
Perdí a la vez
la valentía, los principios
-que en esta ocasión son lo mismo-
y las lágrimas.
La norma me enseñó
que lo correcto era llorar,
debí haber reaccionado antes.
No hice nada.
Sencillamente cobardía,
pero no alivio.
O al revés,
no lo tengo muy claro.
Me siento mal y bien.
Mejor dicho,
me siento mal por sentirme bien,
por no estar hecha una mierda,
por sentir la sonrisa
en abrazos oscuros.
La correcto sería estar mal
y sé que tendré que explicarme,
justificarme.
Sé que no debería hacerlo.
Y sé que lo haré.
Quizá, ya lo haya hecho.
6.4.16
1.4.16
El Informe Pisa no recoge quién ganó la guerra. Víctor Reloba
Nacimos con el dictador ya muerto y sus herederos en pie de tribuna. Nacimos con eso que llamaron democracia. Pudieron haberlo llamado de cualquier otra manera, les gustó ese nombre. En el cole nos explicaron cómo funciona el mundo y por qué sólo así. Nos enseñaron a no pensar de ningún otro modo, a llamar padres de la patria a quienes encarcelaron a nuestros padres,
a no preguntar por nuestras madres.
A no preguntarnos por la cuneta donde resiste la libertad. Nos metieron el dogma del esfuerzo para creernos mejor que el inferior. Nos examinan por los huesos del cuerpo humano, para ocultarnos el esqueleto; las provincias españolas por obra de los reyes católicos: aquí no hay pueblo que valga. Entre sujeto y predicado no se escribe coma, el punto le escribiremos quienes perdimos la guerra.
22.3.16
A Raúl
La grandeza ética es así,
siempre en minúscula,
porque se muestra en pequeños actos.
Es que te den un homenaje
y venir a limpiar al día siguiente.
Ser el maestro de tantos y tantas
y no creerte un maestro.
Haber estado siempre
y aparecer en poquitas fotos.
Archivada la denuncia,
nos queda lo grande que siempre fuiste.
18.3.16
Desearía sentarme
en un rincón de la barra
y observar.
Espectadora.
E intentar entender algo.
Perder algún miedo.
Aprender a cómo hacerlo,
por qué vosotros no los tenéis.
Ser normal,
alejarme de los límites,
situarme por el centro de la curva,
donde se amontona toda esa gente,
con la que no sé estar.
Que huyan de mí los temores.
Sentarme en un rincón
alejado para no molestar.
No querer llorar.
Sólo eso.
en un rincón de la barra
y observar.
Espectadora.
E intentar entender algo.
Perder algún miedo.
Aprender a cómo hacerlo,
por qué vosotros no los tenéis.
Ser normal,
alejarme de los límites,
situarme por el centro de la curva,
donde se amontona toda esa gente,
con la que no sé estar.
Que huyan de mí los temores.
Sentarme en un rincón
alejado para no molestar.
No querer llorar.
Sólo eso.
15.3.16
Rotas
Nos rompieron y abandonaron en el barro. No deja de llover y se encharcan nuestros niños. Pariremos sucios bebés muertos. El cansancio de avanzar y no hacerlo. La tierra prometida de banderas con estrellas se parece demasiado a esa otra donde también se mata gente. Cuerpos violados y mentes torturadas. Hay muchos tipos de bombas y Europa las está lanzando todas contra nosotras.
Si hoy tu esperanza no es una mujer refugiada hace mucho que dejaste de ser humana.
Si hoy tu esperanza no es una mujer refugiada hace mucho que dejaste de ser humana.
13.3.16
Una infancia sin barro no es infancia. Despreocuparte de si llevas botas de agua o chancletas y saltar sobre un charco bien fuerte hasta que se mojen todas las ideas. Quitarte la capucha para que nada quede seco. Construir castillos y puentes de tierra y niñez. Soñar que serán indestructibles una vez secos al sol. Ser niña y disfrutar manchándote. Sólo un criminal les haría dormir en el barro.
11.3.16
Sólo supero miedos por amor. Miedo que paraliza, que recuerda noches sin dormir, que convertía la casa en falso refugio ocupado. Miedo del que no dejas de hablar sin reconocer que existe. Miedo a no acabar de derrotarles nunca.
Miedo a que se agoten las fuerzas,
a rendirme.
Largos miedos. Pero si una amiga me dice vente los escondo en la última de mis entrañas y voy, aunque sea acompañada por mis miedos.
7.3.16
Mis poemas son más valientes que yo.
Y ellos lo saben.
Me enfrentan.
Me lanzan los versos para hacerme daño
y yo no me defiendo.
Tengo un poema
que quiere escribirse.
Me muerdo la lengua fuertemente
para así arrancarle cualquier valor,
cualquier idea,
sus buenas palabras,
las imágenes que nunca le dejo imaginar.
Tengo un poema que quiere escribir de mí,
que me pregunta porqué lloré
entre tus brazos.
Tengo un poema que quiere escribirse
y ambos sabemos que va a ganar.
Con la excusa de corregirlo,
quizá finalmente venza mi cobardía.
Como anticapitalista declaro que el patriarcado
es mi mayor enemigo.
Intento asumir todas las contradicciones
que conlleva esta afirmación. Pero es el patriarcado quien me hace sentir culpable
en cada aspecto de mi vida. Del más público al más privado.
De cada emoción
como si estuviera mal sentir desde las entrañas
o el cerebro.
De cada palabra
porque no me disculpé por cada de ellas.
Quien me limita los gritos que sueño, los pasos que no me atrevo a desear.
2.3.16
Dios no ha muerto.
Tampoco el ratoncito Pérez,
la cenicienta, los reyes magos
o el hombre del saco.
Dios se parece al hombre del saco.
Nos impiden mirar en lo oscuro
para que no descubramos
que está vacío.
Cenicienta comparte con el todopoderoso
propagar la sumisión,
que ninguna mujer quiera sentirse libre.
De todas las sorpresas
que se le ocurrieron
al que todo lo sabe,
ninguna de ellas fue bondadosa.
De viejecita sólo creeré
en quien me traiga regalos
cuando pierda los dientes.
Tampoco el ratoncito Pérez,
la cenicienta, los reyes magos
o el hombre del saco.
Dios se parece al hombre del saco.
Nos impiden mirar en lo oscuro
para que no descubramos
que está vacío.
Cenicienta comparte con el todopoderoso
propagar la sumisión,
que ninguna mujer quiera sentirse libre.
De todas las sorpresas
que se le ocurrieron
al que todo lo sabe,
ninguna de ellas fue bondadosa.
De viejecita sólo creeré
en quien me traiga regalos
cuando pierda los dientes.
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