No quiero estar en un gran país
cuando la grandeza
la miden en hambre.
No quiero estar donde tú
no estás conmigo
y ambas estamos solas.
Un país donde la democracia
no se evoque
sino que sea trabajada día a día.
Un país donde estamos
las que queremos estar,
nadie permanece obligado
y tiene que irse.
Donde la justicia se mide en hospitales
y no en hostias
policiales o eclesiásticas.
Donde nadie utiliza nuestro útero
para encarcelarnos.
Donde la risa es asignatura obligatoria
en las escuelas.
Y sé que este nuevo país existe
porque no sólo está en mi cabeza,
también está en la tuya.
Ese debe ser el país de cuento de nunca acabar
ResponderEliminarsi no se acaba de cuajó con las espinas que lo laceran día a día sus (im)propios gobernadores mangoneadores