¿Recuerdas cuando íbamos
a comernos el mundo
y no conocíamos la palabra derrota?
Cuando las sonrisas eran siempre honestas
y el gobierno no nos cambiaba
calefacción por hostias.
Los inviernos de entonces
eran inviernos de verdad,
los besos no dolían al día siguiente.
Tú y yo tuvimos razón
en prácticamente todo.
Terminamos siendo desconocidos
el uno para el otro
y la derecha es peligrosa,
ten cuidado.
Lo que nunca nos dijeron es que la verdad no seca las lágrimas.

